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  • El texto es un estudio sobre la generación de la posguerra vinculada a actos de terrorismo.
     

  • Se escribió durante un recorrido por los países de China, Vietnam, Camboya, Tailandia e India. 

     


 

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Hanoi Hilton es el primer proyecto de investigación que realicé en un país extranjero.  El recorrido inició durante el mes de junio del año 2013, en Shanghái, y terminó dos meses después, en Nueva Delhi. Tuve la oportunidad de atravesar de norte a sur el país de Vietnam, deteniéndome a registrar la memoria de la guerra entre excombatientes y espacios neurálgicos en el conflicto armado. Sin embargo, fue hasta llegar a Ho Chi Minh City, la antigua Saigón, donde conocí a un vendedor ambulante de libros, que me llevó a conocer a una comunidad de hijos de soldados norteamericanos que fueron procreados durante la guerra con mujeres vietnamitas y que terminó por definir el curso medular del proyecto. A esta comunidad, conocida como Bui doi, le es otorgado el título de Hijos de la basura y no se encuentran oficialmente reconocidos como ciudadanos vietnamitas, siendo en su mayoría objeto de persecución, maltrato y violencia por parte del Estado.

 

Basándome centralmente en este suceso, el texto expone la situación de Kopkan un huérfano vietnorteamericano radicado en Hanoi que, junto a Sofía, una exprostituta de Estambul, conforma una pareja de terroristas que hacen explotar restaurantes de la cadena Kentucky Fried Chicken, a consecuencia de una malintencionada campaña en la que relacionan la imagen del coronel Sanders (Ícono de la franquicia) con la del líder revolucionario Ho Chi Minh. Esta comparativa surgió en realidad de manera accidental, pero tras indagar en algunos sitios de la web me percaté de que el parecido había sido identificado con anterioridad y usado por diversas campañas de protesta ciudadana frente a la proliferación de sucursales de ésta y otras franquicias norteamericanas en el país socialista.

 

El descubrimiento dio un giro circunstancial en el proyecto de escritura, permitiéndome ampliar la perspectiva de una condición actualizada del conflicto, eslabonando las causas legítimas de una generación de la posguerra, desplazada de cualquier figura de identidad, que había terminado por convertirse en protagonista de actos relacionados al tráfico de armas y al terrorismo. La dramaturga Verónica Bujeiro, que prologa la primera publicación del texto en la revista mexicana de teatro Paso de gato, escribe al respecto:

 

Presente y pasado se mezclan en un código genético maldito, víctima colateral de una guerra no presenciada, pero que sabe de suyo en el hervir de esa sangre que le impide una conjugación satisfactoria de la primera persona del singular. Un “yo” que busca reivindicarse en acciones radicales para hacer la puesta en acto de una herida como un subterfugio de significación, posibilidad de existencia, de enunciación prolija de ese “yo” trozado desde el origen. Un “yo” que no alcanza a ubicarse espacialmente en la tierra que habita y que sueña con la corporalidad mutilada de otro continente y de ese otro que le dio vida: el enemigo.

 

El texto está integrado por un análisis paralelo que realiza Noam Chomsky, basado en el libro La responsabilidad de los intelectuales, que castiga con rigor las ofensivas de Estados Unidos en contra del país asiático. Asimismo, el título de la obra hace referencia al modo en que los combatientes americanos llamaron a la cárcel Hoa lo instalada en Hanói por el Vietcong y símbolo de los daños colaterales que, a 47 años, siguen vivos entre una generación heredera de los crímenes de guerra cometidos durante el conflicto.

Ángel Hernández.

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