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  • El texto es un estudio sobre la condición de la orfandad y la comprensión del luto frente al escenario de la llamada guerra contra el narcotráfico.                                                                                      

  • Se escribió durante una investigación con deudos de criminales ejecutados entre 2010 y 2012, en los estados de Nuevo León y Tamaulipas. 


 

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Escribí Padre fragmentado durante una temporada marcada por ejecuciones, cuerpos expuestos y derramamiento continuo de sangre en México. En la ciudad de Monterrey, donde se encuentra ubicada la obra, se habían encontrado recientemente personas colgadas a los puentes y olvidadas dentro de bolsas plásticas en las carreteras o cualquier sitio de la ciudad. El texto no pretendía hacer apología de este dolor, sino indagar, mediante una investigación que sostuve entre familiares de personas ejecutadas, el modo de entender las etapas sucesivas de la vida frente al derecho de tener un luto. En ese sentido, la situación de Marianne, protagonista del texto, abre una caja de Pandora, empeñada en encontrar formas accesibles de entender la muerte del padre, abandonado en fragmentos dentro de una bolsa afuera de su colegio, para reconformar un inventario de causas relacionadas a la decisión de su propia condición de víctima. Un ejercicio del dolor llevado hasta extremos delirantes, donde la sociedad capitaliza la obscenidad de otro crimen quizá más duradero: el del escarnio, la marginación y el rechazo.

 

Este es uno de los textos más terribles que me ha tocado enfrentar y paradójicamente es el texto que más se ha llevado a escena. ¿Es ésta una consecuencia de sentirnos testigos de la barbarie del crimen y el terrorismo de Estado que se vive en México? ¿Es ésta una consecuencia de reconocer esta condición como propia o susceptible de incidir en la vida de cualquiera? Entre los elencos y el público que ha asistido a las funciones de esta obra, han surgido testimonios que hablan de las experiencias vividas a partir de la muerte de un familiar o un persona cercana, involucrado en un ajuste de cuentas como el escenario descrito en la situación de Marianne y su madre.

 

Volví a leer Padre fragmentado para esta publicación y me pareció que, a casi diez años de haberla escrito, el texto sigue sin perder vigencia frente a lo que parece una consecuencia inevitable regulada por las guerras internas del crimen organizado y su relación con el Estado: la orfandad. Una circunstancia cuyas cifras de víctimas ha ido en aumento durante los últimos años. El texto tenía originalmente sólo el propósito de contener una memoria que pusiera énfasis en el derecho por el luto entre familiares de los criminales asesinados, sin la intensión de otorgarle más validez a esta pena (En todo caso, la condición que provoca la pena por el familiar muerto puede llegar a ser la misma tratándose de la víctima o el agresor) pero ese propósito pudo atravesar una década, sin agotarse, complejizando y aumentando su incidencia en el tiempo y sus daños colaterales. 

 

En todo caso, la obra no intenta estar del lado de los agresores, sino observar una escala de temporalidad humana, que quizá nos hable más de la desesperada condición de sobrevivencia frente al escenario punzante de la soledad en un mundo marcado por la indiferencia. En este compendio, se incluye también el Diario íntimo de Marianne, que amplía el mundo interior del personaje, reuniendo imaginarios que permiten establecer las condiciones para justificar o no las causas de un posible crimen.

Ángel Hernández.

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