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  • El texto es un estudio sobre la condición del exilio y las implicaciones de la guerra de narcóticos en países determinados por conflictos armados.
     

  • Se escribió durante una residencia en Kabul, Afganistán, en el año 2014. 


 

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Llegué a Afganistán condicionado a salir el menor tiempo posible de la habitación que había reservado en el primer distrito de Kabul.  El tiempo de estancia dentro de ese hotel, más bien parecido a un búnker, me hizo escribir la primer entrega de este texto que dedica a esa condición de encierro, el desarrollo de una postura política pero sobre todo vivencial frente al exilio.  

 

Recuerdo que, antes de salir de México hacia Kabul, me entrevisté con Juan Meliá, quién por medio del Programa Iberescena había seleccionado este proyecto de residencia y me dijo: No sé si, con esto, estamos promoviendo una residencia dramatúrgica o tu muerte. Y es que, en efecto, llegar a Afganistán en el año 2014 suponía una condición de muerte para cualquier extranjero, aún más si la estancia en el país tenía implicaciones de registro periodístico, lo que conlleva, en el mejor de los casos, a continuos procesos de revisión e interrogatorios por parte de la policía, el ejército o los grupos armados, y en el peor, al secuestro o la ejecución.   

 

El proyecto, que en un principio se relacionaba con un programa de investigación sobre las adolescentes afganas que son entregadas a cambio de opio a los llamados Señores de la guerra, tomó un giro repentino a consecuencia de dos atentados y diversos enfrentamientos durante la primera semana de mi estancia. Como en el caso de otras experiencias que había tenido en territorios que resisten procesos armados, la cercanía con agencias internacionales de noticias, voluntarios y paramédicos asegura medianamente un acceso a información actualizada sobre las condiciones, siempre cambiantes, en el panorama del conflicto. De este modo pude lograr algunas excursiones por barrios periféricos al centro de la ciudad vieja de Kabul, donde se sabe que existen cuarteles de la resistencia afgana y cédulas pertenecientes al Talibán. A consecuencia de ello, es común encontrar tropas que integran las brigadas de patrullaje a cargo de marines norteamericanos en cuyas filas se encontraban varios reclutas de origen mexicano. La primera vez que tuve la oportunidad de hablar con uno de ellos decidí el rumbo para Suite Afganistán

 

Los soldados americanos se divierten matando dromedarios por el desierto. Se ha vuelto una práctica clandestina que suma grandes cantidades dinero en apuestas. Lo que interesa, más que dar muerte al animal, es hacer que el hombre que lo monta caiga al suelo. Ésa es la recompensa.

 

La figura del marine, aunque no terminó por definir el curso del texto, fue determinante para la conformación de un archivo testimonial basado en el registro de crónicas, sonoridades, cartas y objetos que paradójicamente no fueron documentados por medio de fotografías, ya que era una condición inapelable para cualquier encuentro que se tuviese tanto con el ejército, como con civiles armados. Esto, lejos de considerarse una limitante, amplió de manera significativa el trazo de un mapa discursivo sobre la circunstancia de la guerra, la extranjería y el turismo de la droga en relación con los altos niveles de producción de heroína que dan sustento al país.

 

El resultado fue esta obra, de la cual se deriva un itinerario de trayectorias erráticas en la vida de cuatro mexicanos que se encuentran en la capital afgana, para conformar, sin quererlo, un país de coordenadas diversas en el deseo que empuja su propio destierro: una pareja joven con intenciones de vacacionar consumiendo heroína durante su estancia, un marine culpable de deserción y un traficante enviado por carteles mexicanos para coordinar acciones de venta y trasiego de droga, como desde el año 2010 ha venido sucediendo con mayor frecuencia en la capital afgana. Todos relacionados por un empeño de permanencia, que abre un mapa existencial frente a los escenarios de guerra librados en diferentes países del mundo.

 

En este compendio, incluimos dos textos complementarios que ayudan a ampliar la condición situacional de los personajes: La declaración del marine ante las acciones de violencia que generó la presencia de las tropas norteamericanas entre la comunidad afgana y la Canción de cuna para Samuel que escribe Telma, la única mujer dentro de la suite, que se ofrece como posicionamiento femenino frente a la estructura represiva y patriarcal de un país, así como una nota periodística que, de forma detallada, profundiza en la relación entre cárteles mexicanos y los llamados Señores de la guerra afgana.   

Ángel Hernández.

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 Texto
completo

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